La Iglesia otorga un Patrón a la FIUC
El Beato Cardenal John Henry Newman

John Henry Newman, Patrón de la FIUC

Cardenal John Henry Newman
"La Universidad Católica tiene el honor y la responsabilidad de consagrarse sin reservas a la causa de la verdad. Es su manera de servir a un mismo tiempo a la dignidad del hombre y a la causa de la Iglesia, que posee «la íntima convicción de que la verdad es su verdadera aliada y de que el conocimiento y la razón son fieles distribuidores de fe»..."

Juan-Pablo II, Ex Corde Ecclesiæ, §4
John Henry Cardinal Newman, The Idea of a University, Londres, 1931, p. XI.


Al hacer del Beato Cardenal John Henry Newman el Patrón de la Federación Internacional de Universidades Católicas, tras Santo Tomás de Aquino, Patrón de las universidades católicas, y Alberto el Grande, Patrón de los naturalistas y los científicos, la Iglesia da prueba ante todos sus interlocutores, y más que nunca, de su tradicional estima por el diálogo entre la razón y la fe, de su fidelidad a la historia de la búsqueda de la Verdad y la Sabiduría a la que ambas están consagradas. La Iglesia Católica alienta especialmente a las generaciones más jóvenes a practicar el ejercicio de la inteligencia creyente, en concreto de la teología, que unifica los discursos, forma convicciones y certezas, y da luz al misterioso don de la fe difundida por el Espíritu.

En este año en el que la Iglesia celebra el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, hemos considerado que el Beato Newman representa para los universitarios católicos una luz al servicio de la acogida renovada de las enseñanzas conciliares. Encontramos ya en la idea de retorno a las fuentes y de actualización, en la enseñanza sobre la libertad religiosa, en el papel de los laicos, en la Iglesia Sacramento Universal de Salvación, temas auténticamente newmanianos. En lo que respecta a Vaticano II, está permitido, a nuestro parecer, pensar que la influencia del autor de The Idea of a University (La Idea de Universidad) se ha ejercido de manera teórica, como precedente, permitiendo a los teólogos integrar la dimensión histórica del cristianismo sin relativizar la doctrina y, de manera práctica, posteriormente, proporcionando el modelo teológico de una actuación pastoral conforme a la definición conciliar de la Iglesia y al ejercicio de la autoridad pontifical. Al beatificarlo, Benedicto XVI no solamente ha reconocido a un hombre, sino también un pensamiento, una visión de la Iglesia y de la educación integral, que ha sido fuente de inspiración asimismo para el Concilio y para los educadores de hoy y del mañana.

En este mismo sentido, el pensamiento y los escritos del Beato Cardenal Newman supusieron una aportación determinante para el Beato Juan Pablo II en la preparación de la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiæ. De hecho, el Santo Padre propuso una visión de la naturaleza y de la misión de la educación superior católica basada en la íntima convicción de la Iglesia, a saber, que la Verdad es su principal compañera y que el conocimiento y la razón constituyen caminos privilegiados hacia ese don de Dios que es la fe. A propósito de esto, Newman se presenta como un ferviente discípulo de la Verdad, combatiendo el liberalismo en materia de religión, allí donde todas las creencias son equivalentes. Otro aspecto del pensamiento del Beato Newman que merece también toda la atención de las universidades católicas concierne el lugar central que éste reconoce a la teología así como a la relación de ésta con otras disciplinas académicas, otro asunto de crucial importancia para la universidad católica.