25a Asamblea General de la FIUC - Conferencia inaugural – La contribución de la educación superior católica en un mundo en cambio Rev. Michael J. Garanzini, s.j.

14 julio 2015
25a Asamblea General de la FIUC - Conferencia inaugural – La contribución de la educación superior católica en un mundo en cambio Rev. Michael J. Garanzini, s.j.

En esta conferencia inaugural, el Rev. Michael J. Garanzini, s.j., Presidente de Loyola University Chicago, reflexionó sobre el estado actual de la educación superior católica y los desafíos que enfrentamos para cumplir con la visión expresada en Gravissimum Educationis y Ex Corde Ecclesiae, con ocasión de la celebración del aniversario de ambos documentos (50 y 25 años respectivamente).

 

En primer lugar, el conferencista abordó específicamente la cuestión de la calidad académica, recordando al público presente que Gravissimum Educationis nos exhorta a construir instituciones de calidad que puedan aportar a la Iglesia y al mundo algo único y diferente de lo que ofrecen los establecimientos seculares.

 

Las instituciones católicas, al igual que en el amplio mundo de las instituciones académicas, adoptan multitud de formas y tamaños. Cada vez en más lugares, no solo sirven necesidades locales y nacionales, sino que también se las reconoce por su alcance internacional y global. A pesar de nuestra misión singular, local, y nuestra variada oferta académica, estamos todos sujetos a un consenso cada vez mayor sobre lo que es realmente la “calidad académica”. Muy a menudo esta se mide según el estatus de los estudiantes admitidos, el prestigio de la facultad e incluso el éxito de los graduados en los exámenes de selectividad o los puestos de trabajo ocupados posteriormente.

 

Pero Gravissimum Educationis y Ex Corde Ecclesiae nos invitan a ir más allá. Las verdaderas instituciones católicas presentan dos características adicionales. Primeramente, la fidelidad a la visión de la Iglesia sobre la educación católica requiere un esfuerzo consciente para formar la mente y los corazones de los estudiantes, su carácter y alma, es decir, toda su persona. La segunda característica supone que la institución católica sea un instrumento de servicio y se constituya así en una comunidad dedicada a dicho propósito.

 

En segundo lugar, otra cuestión importante tratada por el Rev. Michael J. Garanzini, s.j., consiste en la necesidad que las instituciones de educación superior católica sean más explicitas en lo que constituye el aporte singular de la universidad católica al mundo de la erudición.

 

El autor se refirió a un artículo del Rev. John Jenkins, Presidente de la Universidad de Notre Dame, quien se pregunta si las universidades católicas pueden proclamar que “existe un ‘enfoque católico’ de los asuntos del día a día, una manera católica de proceder en los estudios académicos, si podemos declarar que la universidad católica aporta algo nuevo, único y necesario a la academia”. Jenkins y otros contestan de manera afirmativa y señalan el tesoro evidente y distintivo que representa nuestra herencia intelectual católica. Los valores y las enseñanzas católicos, con sus profundas raíces teológicas, nos guían y distinguen hoy en nuestro servicio a la sociedad y en la promoción del mejor de los bienes.

 

A modo de conclusión, el Rev. Garanzini afirmó que si sin lugar a dudas hemos progresado considerablemente en la realización del sueño de los Padres del Concilio Vaticano II, nos queda todavía mucho por hacer, pero no debemos desalentarnos ante una educación superior que se vuelve cada vez más competitiva, dado que nuestras instituciones tienen algo único y necesario que ofrecer. El autor cree que el próximo documento constitutivo (al igual que Ex Corde Ecclesiae) no debería proceder de la Iglesia, sino de las propias instituciones católicas, ya que estas son capaces de proclamar de manera clara, resuelta y precisa los principios que guían su proyecto intelectual.

 

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